Biografía

Me llamo Lucas Ezequiel Torres. Tengo 40 años, soy de Olavarría y tengo doble ciudadanía, argentina e italiana.

De dónde vengo

Vengo de una familia de trabajo. Como tantas familias de esta ciudad, la mía se hizo a fuerza de oficio, de aguantar los años malos y de volver a empezar cuando hizo falta. Ese es el Olavarría que conozco: el de la gente que se levanta temprano, el de los talleres, el de los campos, el de los comercios que abren aunque el mes venga flojo.

Como muchos olavarrienses, en algún momento tuve la posibilidad de irme. Y como bastantes menos, elegí quedarme y seguir invirtiendo acá. No lo digo como mérito: lo digo porque explica desde dónde miro todo lo demás.

Cómo empecé

Empecé emprendiendo, que es una forma elegante de decir que arranqué de abajo y aprendiendo a los golpes. Aprendí lo que se aprende cuando el que firma los cheques sos vos: que una empresa no se sostiene con discursos, que a fin de mes hay sueldos que pagar, y que la diferencia entre una idea y un proyecto son los números.

Con los años fui armando y sosteniendo empresas en rubros distintos: servicios industriales pesados, comercio, producción agropecuaria. También trabajé fuera del país, lo que me dio algo que en el interior escasea: la posibilidad de comparar. De ver cómo se hacen las cosas en otros lugares y volver con la pregunta incómoda de por qué acá no se pueden.

Lo que aprendí dando trabajo

Dar trabajo enseña cosas que no se aprenden de otra manera. Enseña que detrás de cada puesto hay una familia entera. Enseña que cuando una empresa cierra no se pierde un número: se pierde el almacén de la esquina, la cuota del colegio, el auto que nadie va a arreglar. Enseña también que el Estado puede ser un socio o puede ser un obstáculo, y que eso no depende de la ideología de nadie: depende de si el que está del otro lado del mostrador entiende o no entiende cómo se produce.

Y enseña a decir las cosas de frente. El que no dice lo que piensa termina fundiendo la empresa. Prefiero que alguien se enoje conmigo antes que endulzarle un problema.

Por qué escribo acá

Porque Olavarría está perdiendo trabajo a una velocidad que asusta y no veo que nadie esté mostrando lo que se podría hacer. No es que falten ideas ni que falte plata: falta que alguien se ocupe de lo obvio. Un matadero. Un frigorífico. Un mercado concentrador. Una industria de alimentos donde hoy hay lotes vacíos. Cosas que otros partidos más chicos ya tienen.

No tengo experiencia política y no vengo a improvisar como si la tuviera. Lo que tengo es experiencia produciendo, contratando gente y resolviendo problemas con plata propia. Me parece que a esta ciudad, en este momento, eso le sirve más que un discurso.

Lo que creo que hay que hacer en Olavarría